Reviso mis recuerdos de los últimos días, de las últimas
semanas, de los últimos meses, de los últimos años; y nada. No encuentro nada
que quiera decir. Nada sobre lo que valga la pena comentar. Ninguna memoria
digna de ser materia de discusión.
De la causa de mi orgullo, de lo
que el orgullo me causa; de nada de eso puedo hablar. No quiero.
Caminante no hay camino, me vale
un comino el andar.
Porque sí. Porque no hay causa
peor que la causa perdida, y no hay nada peor que perder por una causa. Y no
hay acto más vacío que hablar por hablar, que por hablar hablar, que hablar
sobre lo que se habló, que escribir un ladrillo con el cual darse el lujo de
romper el silencio.
Hablar del tiempo perdido, ni de
lo que me hizo perder el tiempo, harán que quiera hablar, ni que quiera lo que
hablo.
Y nada, de la nada, hurgo en la
memoria, en ese hoyo vacío, aunque pesado.
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