martes, 8 de julio de 2014

LA NECESIDAD TIENE CARA DE YO NO FUI

Las hay cosas que se hacen temprano, a tiempo o tarde. Por ejemplo, hay cosas que se dicen antes del momento apropiado, y tal prisa precipitará su resultado habitualmente en una consecuencia negativa; es como una satisfacción prematura, sin carne, fugaz. Cuando la misma cosa es dicha, con dicha, tarde, luego de que fuera necesaria su manifestación, sucede igual que en el suceso de haber tomado un bus ‘ruta fácil’, repleto, después de esperar durante varios minutos el bus expreso, que con menos paradas lo lleva a uno al destino, y verlo pasar al lado del que uno abordó, vacío, poco apetitoso para los raperos y los vendedores de galletitas, manillas, juegos de agujas e hilo, y demás chucherías innecesarias. Ya pa’ qué.
Pero hay cosas que se hacen, no con la condición del tiempo sino cuando se necesitan. El director técnico de un equipo de fútbol no le pide tiempo al juez central del encuentro cuando éste está empatado y restan veinte minutos para su finalización: alzará los brazos y presionará al cuarto juez cuando restan dos minutos del tiempo de reposición y su rival apura para remontar el marcador.
Hay cosas que se dicen o se hacen no por una condición temporal sino por necesidad. La necesidad, en ocasiones, puede condicionar el momento apropiado en que se realiza o se deja de hacer algo. Sin embargo, el tiempo no condicionará la necesidad, a menos que se trate de una necesidad contenida durante un tiempo durante el cual se aguardó por el momento preciso. Sólo en este caso la necesidad será el tiempo apropiado.
El amor es de esas cosas que exige que se hagan cosas con una medida justa del tiempo y también considerando la necesidad.
Ésta es una de esas cosas que hago, no porque sea el momento apropiado, quizá sea demasiado tarde, no importa si veo rodar al bus expreso, liviano, por la ventanilla contra la que me aprisionan los demás pasajeros del ‘ruta fàcil’, total, ambos me llevarán a mi destino, el cual desconozco aunque presiento, sino por la necesidad de hacer visible, desde la distancia, cómo la vida me vive a mí.

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